(..)La sutileza y convicción del pintor Manuel Quintana Martelo son inusitadas; se guía por la intuición, creando un arte de metafísica y anhelo, y en su presencia el puro afecto del ser se constituye en elemento fundamental de su estética. Esta presencia, como fuente y expresión de creatividad, renace a menudo en el arte de Quintana Martelo, que ha pasado de una hábil discusión de realismo a una estrecha relación con la abstracción y la figuración; los dípticos del artista hablan de su relación con Nueva York, donde reside parte del año, y España, su tierra natal, a la que debe un lenguaje de trascendente objetividad. Sus lienzos de dos paneles, doblemente fieles a geografías y estilos, cargados de significación personal para un artista cuya vida se desdobla entre España y Nueva York, no resuelven la tensión inherente y el valor de exponer dos estilos muy dispares entre sí. De hecho, Quintana Martelo se ha propuesto hacer frente a la división entre dos modos de ser, expresando relaciones que fundamentalmente cobran sentido al ser contrastadas entre sí: las abstracciones del artista, parecidas a Rothko, siempre pintadas en el panel izquierdo, muestran la diferencia absoluta entre sus modos de ser y los platos amontonados, frutas y pinceles representados a menudo en el panel derecho de la pintura. (...) Fragmeto Jonathan Goodman